Survivor (Chuck Palahniuk)
- Rubén Hernández
- 5 mar
- 2 min de lectura
Actualizado: 8 mar

Palahniuk, C. (2000). Survivor: A Novel. Anchor.
En el ecosistema mediático moderno el suicidio persiste como un tabú. Con frecuencia se argumenta el peligro del efecto Werther, es decir, el posible contagio o imitación de la conducta suicida que se desencadena, según sus defensores, tras su representación. El argumento es comprensible y fundamentado, pero su consecuencia cultural es severa: ha erosionado casi por completo la posibilidad de problematizar desde el arte las razones para poner fin a la propia existencia. Si eres un artista lo suficientemente famoso, intentar un abordaje profundo sobre el tema puede traducirse en un estigma social, convirtiendo al autor en blanco de una campaña de cancelación en redes sociales.
Chuck Palahniuk se adelantó a este clima explorando el terreno incómodo del suicidio en "Survivor" (Anchor, 2000) donde difumina las líneas que dividen la autodestrucción del asesinato, la fe de la manipulación, la celebridad de la farsa. Entre crisis de identidad, fanatismo religioso y cultura de la celebridad, la novela logra algo paradójico: despierta nuestra empatía hacia personajes más que cuestionables, e incomoda precisamente por lo fácil que resulta leerla.
Tender Branson es uno de los pocos sobrevivientes del suicidio colectivo de una secta conocida como Iglesia de Creedish. Un error topográfico publica su número de teléfono como contacto de una línea de ayuda para personas con tendencias suicidas, y pronto comienza a recibir llamadas de desconocidos que quieren morir. Cuando aconseja a uno de ellos que se quite la vida y después de encontrar su obituario en el periódico, la culpa se mezcla con una inquietante sensación de poder. La muerte lo conecta con Fertility, la hermana del fallecido, con quien inicia una relación tan complicada como cabría esperar entre dos personas marcadas por sus propios abismos. Al mismo tiempo, Tender descubre que su hermano gemelo también sobrevivió al suicidio colectivo y que está asesinando sistemáticamente a los demás sobrevivientes de la secta hasta que solo queden ellos dos. Cuando los medios de comunicación descubren que Tender es el último sobreviviente de la Iglesia Creedish, un equipo de relaciones públicas lo transforma en una celebridad religiosa. Tender acepta el papel con un único propósito: convertir su eventual suicidio en un acto multitudinario.
La reflexión filosófica sobre el suicidio tiene una tradición más larga y menos perseguida de lo que el clima actual sugiere. Michel Foucault y Michel Onfray, tocayos y compatriotas franceses, lo han abordado como una forma límite de resistencia frente a las instituciones que pretenden obligarnos a vivir, y como una respuesta legítima ante el sufrimiento irremediable: un acto que reivindica la autonomía del individuo sobre su propia existencia.



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