La Invención de Morel (Adolfo Bioy Casares)
- Rubén Hernández
- 11 abr
- 4 min de lectura
La novela nos revela mucho de la ciencia ficción que cultivaba Bioy Casares, con enfoques estilísticos y estéticos considerablemente más profundos que los políticos, pero con elementos muy vigentes.

Esta novela fue calificada por Borges como perfecta, así que debe serlo. El imaginario de Bioy Casares es riquísimo, un auténtico deleite para la ficción especulativa. A ochenta y seis años de su publicación, su premisa puede leerse como una expresión temprana de la lógica con la que élites económicas y tecnológicas conciben problemas demográficos. En ese sentido, si tuviéramos algo que reclamarle, no sería que exageró, sino que se quedó corta. Otro tema que el texto toca, con una postura más bien determinista, es la extensión de la vida por medios tecnológicos.
La novela relata la historia de un fugitivo que huye a una isla remota conocida por albergar una extraña enfermedad. Al llegar, se encuentra con un museo en lo alto de una colina, habitado por un grupo de turistas. Entre ellos se centra en Faustine, obstinándose en que nazca un vínculo entre ellos. Comienza observándola desde los pantanos y su obsesión crece hasta querer interactuar físicamente. También intenta relacionarse con los demás turistas en escenas oníricas, casi absurdas, pero nadie le responde. Está convencido de que la enfermedad de la isla le está afectando hasta que descubre que una máquina creada por un doctor de nombre Morel, ha logrado grabar la realidad de tal manera que deja de ser solo una representación. Sustituyendo a los individuos por su registro, los sujetos alcanzan una forma de inmortalidad, pero pierden la vida en el proceso.
Nuestro fugitivo protagonista nos deja saber a través de un diario que opina que el crecimiento poblacional en el mundo es descontrolado y que somos incapaces de producir recursos suficientes para sostener la cantidad de población que podríamos llegar a tener. Estas ideas las ha estudiado del filósofo Thomas Malthus, personaje de la vida real, quien publicó el ensayo An Essay on the Principle of Population. Según la visión de Malthus, el crecimiento demográfico superará la capacidad productiva del planeta causando miseria, por lo que el crecimiento poblacional debe ser controlado. Cuando Malthus publicó sus ideas a comienzos del siglo XIX, el mundo tenía apenas mil millones de habitantes. Cuando Bioy Casares escribió La Invención de Morel en 1940, ya había alcanzado los dos mil trescientos millones de personas. Una separación de un siglo, llena de mejoras en la agricultura y la ciencia médica, evitó que las conclusiones apocalípticas malthusianas se cristalizaran. Hoy ya han pasado casi doscientos años después de esos cálculos y la población ha crecido otro 250% desde su época, superando los ocho billones de habitantes. Seguimos sin colapsar. Por el contrario, lejos de hundirse, vivimos en el momento de mayor riqueza y esperanza de vida de la historia. Irónicamente, el problema demográfico que enfrentamos no es el exceso de gente sino la despoblación. Varios países de Europa, Japón, Corea del Sur, y China proyectan una reducción significativa de su población nativa en las próximas décadas, a pesar de su crecimiento económico o de las legislaciones que han intentado controlar el número de hijos tanto para incrementarla como para reducirla, o de los medios para afectarla, muchas veces física o simbólicamente violentos.
Aquí cabría preguntarse a quién y por qué está preocupando la cantidad de población que tiene la Tierra, por qué el número de personas habitando el planeta es un problema si se ha demostrado en la práctica que no existe límite predecible de la cantidad de recursos que podremos producir en el futuro y que el crecimiento de la población no se puede controlar. Comparemos entonces las conclusiones del protagonista de la novela con comentarios recientes sobre la despoblación en algunos países. Las reflexiones del fugitivo lo llevan a una conclusión: la inmortalidad selectiva podría ser una alternativa para controlar el crecimiento poblacional mientras solo sea recibida por un grupo reducido, cuidadosamente selecto. Elon Musk se ha pronunciado en contra de la despoblación argumentando que el colapso poblacional es potencialmente el mayor riesgo para el futuro de nuestra civilización. Lo revelador entre la resolución que lee el protagonista en la máquina y la visión tecno-elitista de Elon Musk es quiénes lo están demandando. Ambas son demandadas por clases que diseñan y operan el sistema económico que siempre ha estado muy consciente de la importancia de contar con una cierta masa poblacional. Allí podríamos encontrar la paradoja que le da al texto un aire contemporáneo, pues la sobrepoblación y la despoblación son fenómenos opuestos en su mecánica y consecuencias, pero son producidos por un mismo interés de fondo, que se seguirá renovando mientras haya un sistema económico con propiedad privada y la movilidad social.
Tal vez la parte más vigente del argumento no es su diagnóstico demográfico, sino la solución que propone: una inmortalidad conseguida mediante la captura y conservación de la conciencia en un dispositivo. Hoy describiríamos el resultado de tal invención como la digitalización de la conciencia. Este imaginario sigue generando infinidad de representaciones, año tras año, en la ciencia ficción actual. Los ejemplos sobran, pero nombremos dos muy celebrados y más o menos recientes: los episodios "San Junipero" y "Be Right Back" de la serie Black Mirror.
Nada de lo anterior reduce los méritos de una de las novelas más importantes de la ciencia ficción en lengua española y una de mis favoritas. El trabajo de un autor no es admirable por su pronóstico de problemas, en este caso el demográfico, sino por la calidad de preguntas que plantea. En este caso, la novela coquetea con la idea de que la sobrepoblación es cuestionable porque llevará a la humanidad a deshumanizarse para evitarla y no cuestiona que esas ideas han sido históricamente instrumentalizadas por grupos privilegiados para dominar a otros, ni tampoco se cuestiona si son moralmente inaceptables o empíricamente falsas. Sin embargo, nos revela mucho sobre la ciencia ficción que cultivaba Bioy Casares, con enfoques estilísticos y estéticos considerablemente más profundos que los políticos, pero con algunos elementos muy vigentes.
Casares, A. B. (2012). La invención de Morel. Alianza Editorial Sa.



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