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Pliego Petitorio Conciliador

  • Foto del escritor: Rubén Hernández
    Rubén Hernández
  • 28 ene
  • 2 min de lectura

La obsesión por encasillar a la gente no es nueva, pero sí igual de absurda.


Ilustración original. Homenaje a la obra De español y mestiza, castiza de Miguel Cabrera (México, 1763). Un recordatorio visual de que la obsesión por encasillar a la gente no es nueva, pero sí igual de absurda.
Ilustración original. Homenaje a la obra De español y mestiza, castiza de Miguel Cabrera (México, 1763). Un recordatorio visual de que la obsesión por encasillar a la gente no es nueva, pero sí igual de absurda.

En el nivel —mal llamado— mezzanine del edificio donde trabajo había hoy una larga fila para entrar. Ya dentro, en el elevador, escuché a dos ejecutivos comentar la situación. Uno se quejaba en voz alta porque los policías resguardando la entrada habían retrasado su ingreso. El otro, evidenciando que el clasismo también se gradúa, respondió:

—Pos sí, están los de la UNAM allá abajo quejándose por lo de Colombia. No se vayan a meter. Imagínate.

Me produce un profundo rechazo que todavía haya tanto burro juzgando a la gente por la escuela de la que viene o la colonia en la que vive. Entiendo que siglos de diseñar reglas de convivencia basadas en las clases sociales nos dejaron traumados, pero ya pasaron doscientos años desde la independencia: deberíamos haber mejorado más. Mucho más. Evitaré la tentación de contrarrestar sus prejuicios exhibiendo las patologías propias de los arquetipos abundantes en las universidades privadas. Estaría poniéndome a su nivel, repitiendo el mismo error, aunque ganas no me faltan. No lo haré por el bien de mi publicación. No hay que ser oráculo para anticipar que, si lo hiciera, las conclusiones de esta publicación serían que todos tenemos defectos y que la estupidez es el único rasgo verdaderamente universal.

Recordando que comencé esta nota para relajarme después de la mala experiencia en el elevador, opté por pensar en pequeñas molestias que nos aquejan a diario y en un ejercicio de democracia, libertad de expresión y vocación conciliadora, manifestarme pacíficamente mediante una suerte de pliego petitorio conciliador.

Primera: detener la creación de covers estilo canto gregoriano, bossa nova y música de elevador de mis rolas adolescentes favoritas, con especial énfasis en las de Nirvana y Metallica. Son un crimen.

Segunda: que los meseros excesivamente insistentes paren de dar tanta lata. Me gusta comer a mi tiempo, no al suyo. Si quiero algo más, yo les llamaré. Y que dejen de llevarse las cosas de mi mesa a voluntad.

Tercera: que los conductores de esta ciudad guarden a su Mr. Hyde, por favor. Ya sabemos que todo el mundo tiene prisa, pero entiendan: somos muchos. Si compraste tu coche con la ilusión de “velocidad” y “libertad” que venden los publicistas, estás en la ciudad equivocada.

Cuarta: que haya más estaciones de rock en la ciudad. Es triste que tanta música se quede sin llegar a nosotros. Un par de estaciones no puede cubrirlo todo.

Quinta: dejemos atrás el uso forzoso del traje y la corbata como símbolo de “persona de confianza” o de “empresa seria”. Es ridículo que obliguen a ir de traje a un oficinista que gana seis mil pesos cuando el más barato y decente puede costarle, fácilmente, el sueldo de un mes.

Sexta: dejen de subirle el precio a todos los productos del OXXO, 7-Eleven, Extra y sus clones. Es muy mal karma aprovecharse de los borrachos que vamos desesperados a medianoche.

Se aceptan sugerencias para ser incluidas.


Texto publicado originalmente el 12 de Marzo de 2008. Versión editada.

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