It’s you and me. You and me untill the wheels fall off.
- Rubén Hernández
- 17 ene
- 2 min de lectura
Actualizado: 18 ene

Por fortuna, el tiempo —lineal e inevitable—, ejerce una terapia discreta y persistente. Un día, casi sin anuncio, aquello que dolía sin tregua deja de insistir. Incluso los más obtusos y resistentes terminan por cobrar ese dividendo: una inversión involuntaria que rinde frutos a largo plazo. Para algunos, ese proceso abre la posibilidad de devolver cada cosa a una escala más justa y, sobre todo, de encontrarle un nuevo sentido. Es saber ver la big picture, un privilegio reservado para quienes saben mirar.
Después de un desengaño amoroso, lo sensato sería permitir que el tiempo haga su trabajo y ahorrarse la ansiedad. Pero esa disposición no está al alcance de todos: exige una lucidez poco común, la de entender cómo funciona el tiempo. Hasta hace poco creí carecer de ella. Pensaba que el fin del amor era un ciclo que llegaba siempre a una conclusión inevitable y que la interpretación de ese ciclo —lo que esa persona había significado en mi historia— quedaba inmóvil.
En aquella época asociaba esa idea con un diálogo de la película The Order (Helgeland, 2003). Es un intercambio entre el protagonista, Alex, y su amante, Mara, en el que ella jura la continuidad de su amor diciendo "It's you and me. You and me until the wheels fall off". Ese diálogo representa lealtad y compromiso hasta que uno de los dos deje de funcionar. El amor terminará y lo que sigue suele leerse como una tragedia, en mayor o menor grado. En el caso de Mara, la tragedia es literal: la pobre se suicida.
Hoy creo que pensar en el ciclo de un amor pasado abre la posibilidad de leerlo de nuevo. Incluso la tragedia que vino después de que ambos cambiaron puede adquirir otro significado. El tiempo me pagó ese dividendo.
Texto publicado originalmente el 19 de Febrero de 2008. Versión editada.



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